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23.- PO / DIVIDIENDO Y APARTANDO

 

dividiendo y apartando

 

Ken Manteniéndose quieto, Montaña.
K'un Lo Receptivo, Tierra.
Las líneas del hexagrama dan la imagen de una casa cuyo techo comienza a ser amenazado por el colapso. Los oscuros poderes inferiores comienzan a superar la fuerza, no por medios directos, sino de manera gra­dual e imperceptible.

 

EL JUICIO:
"Dividiendo y apartando. No llevará a nadie a ningu­na Parte". Muestra una época en que la gente inferior avanza y está en camino de superar a los, mejores. Bajo estas circunstancias, no es favorable al hombre superior emprender ningún asunto. La conducta correcta en estos tiempos adversos debe deducirse de la imagen y sus atributos. Uno debe someterse a los malos tiempos y permanecer tranquilo. No se trata de lo que el hombre haga, sino de las condiciones de la época que, de acuerdo con las leyes del cielo, mues­tran alternativas de progreso y decadencia, plenitud y vacío. Es imposible contrarrestar esas circunstancias. No es cobardía sino sabiduría abstenerse de la acción:

 

LA IMAGEN:
"La montaña descansa en la tierra: La imagen de di­vidiendo y apartando. Lo superior puede asegurar su posición sólo mostrándose generoso con los que están abajo".
La posición de la montaña es grande y fuerte cuando así nace de la tierra. Tal como un gobernan­te que se encuentra profundamente cimentado en el pueblo. Puede mostrarse generoso y benevolente, tal como la tierra que lleva todo consigo. Su posición es tan segura como la de la tranquila montaña.

 

LAS LINEAS:
Seis en la base significa: "La Pata de la cama está quebrada. Los que perseveran serán destruidos. Des­gracia".
La gente inferior se eleva y comienza clandes­tinamente su labor destructiva para minar el orden y destruir el sitio donde reposa el hombre superior. Los fieles del gobernante que permanecen leales son des­truidos por la calumnia y la intriga. La situación se encamina al desastre y no se puede hacer otra cosa que esperar.
Seis en el segundo lugar significa: “La cama está rota en la orilla. Los que Perseveran serán destruidos. Desgracia".
El poder de la gente inferior crece. El peligro rodea a una persona. Hay claras indicaciones y el descanso está perturbado. En tan peligrosa situa­ción incluso quedó sin ayuda o amistad que lo lleve a alguna parte. En este aislamiento es necesario tener ex­tremas precauciones. Debe adecuarse a la época y apercibir pronto el peligro. La pertinacia en mante­ner una actitud puede llevar directo al fracaso.
Seis en el tercer lugar significa: "Rompe con ellos. Sin errores".
Un individuo se encuentra a sí mismo rodeado de peligros que vienen de sus lazos externos. También está relacionado con un hombre superior y a través de éste obtiene la estabilidad que lo libe­ra de la gente inferior que lo rodea. Esto le acarrea oposición, pero está en lo correcto.
Seis en el cuarto lugar significa: "La cama está ro­ta en la piel. Desgracia".
Los desastres no sólo afec­tan al lugar sino al ocupante. No se agrega ninguna otra advertencia o amonestación. Pero no podrá esqui­varse por mucho tiempo la desgracia.
Seis en el quinto lugar significa: "Un banco de Peces. El favor llega a través de las damas de la cor­te. Todo sirve al Progreso".
Aquí, en la proximidad inmediata a la fuerza, el principio de la luz en la cúspide, naturalmente tiene que cambiar el principio de oscuridad. Las intrigas se debilitan. Los acompa­ñantes en la espera se acercan en bandada al príncipe y ganan su favor. Voluntariamente se someten al más alto los espera la felicidad y el conductor también recibirá lo que merece. Todo va bien.
Seis en la cúspide significa: "Hay una gran fruta todavía sin comerse. El hombre superior recibe un ca­rruaje. La casa del hombre inferior se rompe y separa".
El símbolo llega a su fin. Cuando la desgracia se ha gastado a sí misma, vuelven los buenos tiemp­os tal como las frutas maduras en su punto. El hombre superior adquiere experiencia y efectividad. La opinión pública lo sustenta tal como si fuera en un carruaje. El hombre inferior encuentra la desgracia. Su casa se destruye. Aquí trabaja una ley natural. El mal no sólo destruye lo bueno sino que inevitablemente se destruye a sí mismo. Incluso el hombre inferior tiene mejores expectativas cuando lo conduce el hom­bre superior.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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