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Quiromancia. Los Dedos, Quiromancia. Los montes de la palma de la mano

Quiromancia. Las lineas de la mano, Quiromancia - 6

En primer lugar tenemos las variaciones en su arranque. Si empieza en el monte de Venus, cortando la línea de la vida, señala como en otras ocasiones que el peso de la familia influye fuertemente en el sujeto. Si nace junto a la línea de la vida, pero sin cruzarla, la influencia de la familia se presenta en la forma de la obligación moral que siente el sujeto hacia ella y que lo ata; sin embargo, esta dependencia será sólo pasajera. Cuando, en cambio, la línea arranca del monte de la Luna, seña­la lógica, coherencia y gran poder de síntesis, cualidades propias de escritores y conferenciantes. La línea de Mercurio suele caracterizarse por numerosas interrupciones. Cuando aparecen is­las, significa hipocondría, temor a enfermar; si estas islas están al principio de la línea, señalan dormir poco (no insomnio) y a veces sonambulismo. Si su trazado presenta interrupciones, evidencia problemas de salud que interfieren con las actividades. Si no es firme sino serpenteante, advierte que los problemas de salud son importantes, duraderos, y pueden convertirse en crónicos. Si está cruzada por barras, indica dificultades intelectuales; si lo está por estrellas, cruces y/o puntos, puede significar esterilidad, tanto en el hombre como en la mujer 

La línea del matrimonio (3) o de la convivencia está formada en realidad por dos o incluso tres líneas, de muy corta longitud, situadas en el filo exterior de la mano, debajo del dedo meñique, en el monte de Mercurio. De ellas (si hay varias), la más marcada indica el matrimonio en sí, mientras que las demás, si aparecen, señalan las relaciones preconyugales y extraconyugales. Si hay una sola línea, muestra evidentemente fidelidad en el matrimonio; si es recta y sin ramificar, indica comprensión y avenencia; si hay una segunda línea, evidencia una relación extra-matrimonial; si esta segunda línea es más larga o más intensa, la relación extraconyugal puede destruir el matrimonio. Si aparece una barra cruzando la línea del matrimonio, si esta se curva hacia la base del meñique o aparece una isla, el matri­monio tendrá dificultades. Si aparecen ramificaciones descendentes, disgustos; si son ascendentes, el amor a los hijos se impondrá al amor de los cónyuges. Un hecho curioso a destacar es que la datación del matrimonio, en esta línea, no la señala la longitud de la línea en sí (la cual indica la duración del matrimonio en sí), sino su mayor o menor proximidad a la base del dedo meñique: cuanto más alejada de él, a más temprana edad se producirá la unión.

La línea de los hijos (4) se halla junto a la línea del matrimonio, pero independiente de ella. En realidad son varias líneas (tantas como hijos) que descienden de la base del dedo meñique (en realidad casi siempre entre el dedo meñique y el anular). Teóricamente, las líneas más fuertes señalan a los hijos y las más débiles a las hijas, pero esto es engañoso, puesto que las líneas reflejan el carácter antes que el sexo, y una hija de carácter fuerte puede aparecer como hijo, mien­tras que un hijo de carácter débil puede apare­cer como hija. Suelen ser líneas a menudo difícil de localizar, y de complicada interpretación por su escaso recorrido.

La línea de la viudedad (5), finalmente, es una prolongación capilar de la línea del matrimonio, que desciende hacia el centro de la mano. Sólo tiene dos aspectos: si la muerte del cónyuge produce un profundo dolor, la línea desciende más allá de la línea del corazón y alcanza la línea de la cabeza, donde termina en un punto claramente distinguible; si la muerte del cónyuge produce escaso dolor, la línea se limita a descen­der hacia la línea del corazón, sin alcanzarla, en un recorrido breve. Hay que señalar que si la viudedad se produce tras una separación del ma­trimonio, la línea del matrimonio presentará una interrupción antes de la línea capilar de la viude­dad, indicativa de este rompimiento.

Otros muchos rasgos y líneas surcan las palmas de nuestras manos. Se han mencionado ya las rascetas, las líneas que señalan la articulación de la muñeca. Generalmente son dos o tres, aunque quirománticamente la importante es siempre la primera. Cuando va de lado a lado de la muñeca, formando un ligero arco bien definido, señala equilibrio físico, un cuerpo mantenido en forma; si presenta interrupciones, indica descuido físico, indulgencia a los pequeños placeres mundanos. Las demás rascetas, cuando se presentan, pueden reforzar o atenuar lo expresado por la primera.

Los anillos son otro elemento accesorio que no siempre está presente en la mano, y que sirve para reforzar, atenuar o modificar el significado de las demás líneas. Son seis:

El anillo de Salomón (a) se halla debajo del dedo índice, sobre el monte de Júpiter. Su presencia es signo de sabiduría, intuición, objetividad, prudencia y sentido común. A veces se desdobla, lo cual refuerza su significado.

El anillo de Saturno (b) rodea la base del dedo anular. Como el propio dedo, se considera un signo intermedio entre lo inconsciente y lo consciente, y es signo de inestabilidad emotiva  A veces suele aparecer esporádicamente, cuando el individuo se halla sometido a dudas y tensiones, para desaparecer cuando estas se han solucionado

El anillo de Venus (c) abarca dos montes, los de los dedos medio y anular. Su presencia refuer­za la emotividad y la creatividad, y también la actividad sexual, de ahí su nombre.

El anillo de Marte (d) rodea el monte de Ve­nus, siguiendo un camino paralelo a la línea de la vida. Indica vitalidad: capacidad de recuperarse de una enfermedad, de enfrentarse a las dificultades, de aceptar los sacrificios sin desanimarse.

El anillo de la familia (e) se sitúa en la articu­lación inferior del dedo pulgar. Es el anillo más frecuente, y suele estar formado por dos o tres líneas entrelazadas formando una cadena. Señala apego a la familia, responsabilidad ante ella, voluntad de defenderla ante todo.

El anillo del celibato (f), finalmente, llamado también anillo de Mercurio, rodea la base del dedo meñique, a partir de su unión con el dedo anular, aunque sin llegar casi nunca al otro lado del dedo. Señala independencia en el celibato, deseo de no comprometerse sino de libar de flor en flor, de poder cambiar de pareja sin problemas cada vez que uno lo considere necesario

 

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