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«Sentí Que Flotaba Por El Espacio»

Tanto la exteriorización de la conciencia como la del doble se encuentran descritas con una frecuencia abrumadora en las experiencias
cercanas a la muerte. En su novela Adiós a las armas, Ernest Hemingway se hace eco de lo que él mismo vivió cuando, en la noche del 8
de Julio de 1918, mientras prestaba sus servicios como camillero en el frente italiano, la metralla de una bomba austriaca taladró sus
piernas. «Sentí que el alma, o lo que fuera, salía de mi cuerpo como se saca un pañuelo de seda de un bolsillo, tirando de la punta
-explicó después-. Flotó durante un tiempo, hasta que regresó y entró nuevamente. Entonces, dejé de estar muerto».
Buena muestra de que estas vivencias no obedecen a un pre-condicionamiento cultural es el relato de dos accidentes mortales sufridos
por Luis González Alegre, soldador de 62 años, residente en Alcorcón: «La primera vez fue mientras trabajaba en unos laboratorios
madrileños, en 1957. Caí de cabeza, desde tres metros de altura. Y escuché cómo decían que estaba muerto, mientras veía mi cuerpo
inmóvil y sentía que daba vueltas en el espacio. ¡Qué a gusto me encontraba, qué suavidad, qué delicia! Vi cómo llegaba un coche y nada
más meter mi cuerpo en el mismo, volví a la vida, pese a que me encontraba en el espacio. Llamaba a la Virgen de la Soledad, aunque
nunca voy a misa. Todo mi afán era volver a mi cuerpo, levantarme, y lo conseguí...
En 1976, estaba trabajando en la construcción de una central telefónica, en Argelia, a seis metros de altura, sentado en un tablón que
se partió, y caí de espaldas, desnucándome. Me sucedió lo mismo: me veía tirado en el suelo y cómo movían mi cuerpo. Ví que se
acercaba un médico argelino que tocaba el cuerpo y comentaba que estaba muerto. Me metieron en una ambulancia y yo seguía
viéndome desde fuera. A mitad de camino volví en mí, empecé a sangrar y oí que mis dos compañeros le decían al conductor ¡corra más,
que está vivo!».
Don Luis no tiene ninguna conciencia de haberse visto desde un segundo cuerpo. Aunque reconoce que años después de los accidentes
comenzó a sentir, en numerosas ocasiones, cuando se encontraba en la frontera del sueño, una sensación angustiosa: «Trato de volver
en mí pero no puedo, y tengo que hacer un esfuerzo tremendo para conseguirlo. No puedo moverme, ni hablar, aunque me doy cuenta de
todo. Es como si estuviese a punto de morir».

Así Se Abandona El Cuerpo

Esa sensación terrible de parálisis es considerada por muchos proyectores el paso previo de una EEC, cuyo inicio me sintetiza así el
parapsicólogo catalán Jaume Bordás, que cuenta con una dilatada práctica: «Normalmente notas un pitido, una sensación de rigidez o
catalepsia, un taponazo y luego una elevación, aunque otras veces lo sientes fuera del cuerpo sin que sepas cómo ha sido». Algunos
escuchan un chasquido y otros describen una sensación de cosquilleo en la cabeza o un dolor en el pecho, así como un hormigueo,
entumecimiento o vibración progresiva que, comenzando por los pies, va ascendiendo hasta la cabeza.El paparpsicólogo catalán Jaume Bordás afirma que el viaje extracorporal no es sólo una proyección psíquica, sino una salida real del cuerpo.
Pese a que la mayoría no recuerda la forma en que abandonaron su cuerpo, los habituales suelen coincidir
con las zonas que nos señala Jaume: «La salida por la frente es la menos brusca, con una sensación de
balanceo y de elevación; a veces lo haces por la coronilla y otras por el plexo solar, lo que suele resultar
más incómodo». Unos pocos creen haberse exteriorizado por el estómago o por los pies.
Muchos sienten que se elevan, tras salir del cuerpo con un movimiento de rotación, mientras algunos
describen, por el contrario, una sensación de caída. Frecuentemente, al abandonar el cuerpo físico
experimentan una confusión o pérdida de la conciencia, que algunos describen como una sensación de
oscuridad o la entrada en un largo túnel. Suelen adoptar una posición vertical, a partir de la
horizontalidad inicial. La mayoría observa su cuerpo físico tendido en el lugar donde se encontraba, desde
un punto espacial exterior, en tanto todas sus sensaciones se han transferido al doble.
«Es esa contemplación del propio cuerpo como un cadáver -explica la terapeuta madrileña Alicia Rubio,
quien recuerda haber experimentado desdoblamientos muy tranquilos desde su infancia- la que aterroriza
a algunas personas con las que he hablado y les hace volver al cuerpo». En efecto, la mayoría no
comprende lo que sucede y les invade la angustia y el terror de que no podrán reintegrarse al cuerpo, lo
que les hace regresar bruscamente al mismo, en tanto otros experimentan un sentimiento de paz o de
euforia.
Ajenos a la gravedad y a las limitaciones espacio-temporales, se sienten libres de todo peso y atadura. Pueden flotar en torno al cuerpo
físico, o bien viajar -con el motor del deseo- hasta grandes distancias. Varía mucho su velocidad de desplazamiento. Generalmente
pueden atravesar los objetos físicos. Su percepción parece agudizarse. «En ese plano -matiza Alicia- eres más sensible y ves algunas
cosas con mayor nitidez y colorido». A veces han descrito determinadas situaciones observadas mediante su doble, que no podrían
conocer por ningún medio ordinario y cuya autenticidad se pudo confirmar posteriormente. En ocasiones aseguran haberse encontrado
con los dobles de otras personas vivas o de miembros fallecidos de sus familias; éstos últimos son considerados por algunos como
espíritus-guías que acuden en su ayuda.

El Retorno

La duración de las EECs parece ser muy variable. «Debido a la alteración del sentido ordinario del tiempo y del espacio que se produce en
ese estado es fácil creer que ha pasado poco tiempo mientras que realmente ha transcurrido muchísimo, y viceversa».
Para la mayoría, el momento más penoso de la EEC es el regreso a su cuerpo físico, aunque muchos lo realizan con total suavidad.
Generalmente tras su primera experiencia, suelen preguntarse qué les sucedió realmente. Aunque algunas personas quedan
atemorizadas por la misma, otras muchas la recuerdan con agrado, ya que suele acompañarla un estado de extrema felicidad y gozo, así
como sensaciones excitantes y maravillosas, por lo que muchos intentan inducirla nuevamente.

Insólitas Actividades Del Doble

Mientras algunos proyectores habituales están absolutamente convencidos de prestar ayuda o sanación espiritual a personas que
incluso no conocen, valiéndose de su doble, otros describen cómo se enamoraron o hicieron amigos en el astral de personas a quienes
luego conocerían en el plano físico. Las tres grandes estrellas del desdoblamiento a comienzos de siglo, Muldoon, Fox e Yram, nos
cuentan sus encuentros extracorporales con quienes luego serían sus novias.
La propia Alicia Rubio explica cómo reconoció en su cuerpo físico a alguien que ya había encontrado astralmente: a raíz de un anuncio
para entrar en contacto con personas interesadas en Castaneda -quien en sus libros describe fabulosas experiencias vividas por su
doble- conoció a José Luis García Morán, quien también confirmó haberla encontrado durante sus desdoblamientos.
Algunas personas que realizaron viajes astrales recuerdan vivencias beatíficas en regiones luminosas de inconcebible belleza, y otros
experiencias terroríficas en zonas de gran oscuridad, comparables a las regiones celestes y a los abismos infernales, si bien estas
descripciones no son muy frecuentes. Una administrativa barcelonesa, Rosa Maria Escip, vivió una de estas experiencias durante un
desdoblamiento experimental. Tras sentirse levitar y ver su cuerpo desde arriba, se sintió arrastrada por un vórtice por el cual caía,
enfrentándose luego a un perro negro que la perseguía, regresando a su cuerpo de forma violenta. Bordás señala la similitud de esa
visión con el famoso Cancerbero o guardián del Averno, del que hablan algunas tradiciones, estimando que bien puede tratarse de una
imagen arquetípica propia del Inconsciente Colectivo que aparece dotada de vida en ciertos estados de conciencia.

En Busca Del «Factor Theta»

Desde el siglo XIX, cuando comenzó el interés por los fenómenos psíquicos observados durante los trances provocados mediante el
magnetismo por los mesmeristas, las experiencias que recibieron el nombre de clarividencia sonambúlica, similares a las descritas
durante las EECs, atrajeron el interés de numerosos investigadores, como el marqués de Puységur, el psiquiatra Pierre Janet, el coronel
de Rochas, Durville, Baraduco Lancelin, que idearon toda clase de experimentos relacionados con el doble. Myers y Gurney, pioneros de la
parapsicología, estaban convencidos de que las EEC podían ser la clave que permitía entender muchos fenómenos Psi, interpretándolas
como la evidencia de que algunas personas son capaces de actuar más allá de sus limitaciones corporales. Junto al escéptico F. Podmore
compilaron numerosos informes sobre apariciones de personas vivas.
Aunque Gurney las interpretaría luego como alucinaciones telepáticas, la exteriorización de una imagen captada extrasensorialmente
por parte de quien la percibe, otros investigadores psíquicos continuaron sosteniendo la teoría de un doble compuesto por una
misteriosa energía que era capaz de desplazarse y comunicarse. La creencia en él mismo, definitivamente apoyada por las ideas
espiritistas y teosofistas, animó a otros, como Oliver Fox, Forham Yram, Muldoon, Carrington y el propio Lancelin a escribir verdaderos
tratados sobre el desdoblamiento, que han animado a miles de personas a intentar realizar sus propias EEC.

El psíquico Ingo Swann fue capaz de dibujar objetos situados encima de su cabeza desde una perspectiva extracorpórea.

Pero la verdadera investigación científica de las mismas no se inicia hasta los años sesenta. El pionero fue Charles Tart, profesor de
psicología de la Universidad de Davis (California) y hoy reconocido como una autoridad mundial en los estados alterados de conciencia.
Trabajando con dos proyectores asiduos, la señorita Z y el ingeniero y hombre de negocios Robert Monroe, intentó descubrir las
constantes electroencefalográficas que correspondían a cada fase de su experiencia, comprobando que, durante la EEC, sus cerebros
desarrollaban una actividad eléctrica que no podía ser ubicada en los estados vigílicos ni en los propios del sueño, y que los sujetos eran
capaces de describir lo que ocurría en otra habitación mientras ellos descansaban en una cama.
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