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Poniendo a Prueba Un Punto de Vista

Los investigadores en proyecciones astrales han sido obsequiados con diferentes relatos de experiencias extracorpóreas como prueba de
que el fenómeno existe, y se han embarcado en experimentos científicos; pero aún permanece la posibilidad de que la clarividencia o la
telepatía de algún tipo estén involucradas.
En su libro Un beso de despedida a la Tierra, Ingo Swann cuenta cómo, siendo niño, dejó una vez su cuerpo cuando le estaban extirpando
las amígdalas, e incluso vio cómo el escalpelo le cortaba accidentalmente la parte posterior de la lengua. También oyó cómo el cirujano
renegaba por su error. Esta capacidad para dejar su cuerpo a voluntad continuó y fue posteriormente examinada en la Universidad de
Stanford con resultados bastante espectaculares.
Swann parecía capaz, por ejemplo, de proyectarse más allá de este planeta y describió con considerable precisión los rasgos
característicos de Mercurio; todo esto algún tiempo antes de que el Mariner 10 fuera capaz de confirmar sus descripciones. No obstante,
esta confirmación fue sólo superficial, puesto que los detalles no coincidieron.
Bob Morrell también ofreció descripciones precisas cuando, mientras era torturado en la penitenciaría del estado de Arizona, declaró
haber dejado su cuerpo con frecuencia para evitar tal tratamiento y haber vagado libremente por fuera de la cárcel. De esa manera fue
capaz de explicar a los investigadores algunos de los acontecimientos que ocurrieron en las calles de San Francisco que difícilmente
podría haber conocido de otra manera. Una vez que no volvió a ser torturado, la facultad para los viajes astrales desapareció por
completo.
Colin Wilson, en su libro Misterios señala el potencial de las experiencias extracorporales. Por ejemplo, los delincuentes podrían utilizar
los viajes astrales para planear robos. Otro caso es el de aquellos que dijeron que el ocultista Aleister Crowley había utilizado el viaje
astral para cometer violaciones psíquicas con aquellas mujeres a las que quería poseer.

La Señorita Z y El Número Oculto

El primer experimento de laboratorio totalmente controlado y encaminado a investigar la naturaleza de las EEAC fue realizado por el
doctor Charles Tart, de la Universidad de California. El sujeto del doctor Tart era una tal señorita Z, que afirmaba haber tenido EEAC
desde la infancia. Una vez la hubo conectado a un electroencefalógrafo, el doctor Tart pidió a la señorita Z que se pusiera en estado de
EEAC.
Sobre una estantería situada por encima de su cabeza, un trozo de papel llevaba escrito un número elegido al azar por el doctor Tart
antes de comenzar el experimento. La longitud de los cables que unían la cabeza de la señorita Z con el encefalógrafo no le permitían
levantarse físicamente y mirar cuál era el número escrito en el papel, so pena de interrumpir los circuitos registradores.
Durante la primera noche del experimento no sucedió nada significativo. Durante la segunda noche, la señorita Z experimentó una EEAC,
en el transcurso de la cual -dijo había visto un reloj de pared encima de la estantería (no podía haberlo visto permaneciendo echada) e
incluso se había fijado en la hora: las 3:15. El electroencefalograma reveló unas extrañas ondas cerebrales hacia aquella hora. Durante
la tercera noche tuvo una experiencia similar.

Doctor Charles Tart

Hasta la cuarta noche no intentó leer el número escrito en el pedazo de papel, intento en el que triunfó por completo. Afirmó haber
tenido la experiencia (según el reloj del laboratorio) entre las 5:50 y las 6 de la madrugada. Su encefalograma mostraba una señal
modificada hacia las 5:57.
El experimento del doctor Tart parece demostrar que durante las EEAC de la señorita Z sucedía algo paranormal. El experimento del
profesor Ellison pretende responder a la pregunta siguiente: ¿de qué se trata?


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