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Para abreviar: el Mary Celeste estaba en mejores condiciones que muchos de los barcos que cruzaban regularmente el Atlántico. Y,
aparte de algunos signos que indicaban que el barco había soportado recientemente una tormenta, resultaba inexplicable que su
tripulación lo hubiese abandonado.
En la mesa del camarote del capitán Briggs, Oliver Deveau encontró el diario provisional de a bordo. Decía: «Lunes 25. A las 5 llegamos
a la isla de St Mary, en dirección ESE. A las 8, la punta este estaba al SSO, a 3 km de distancia.»
En el camarote del primer oficial, Deveau encontró un mapa que mostraba el rumbo del barco hasta el 24 de noviembre.
En el barco no se encontraron el cronómetro, el sextante, el libro de navegación y una pequeña yola o bote que había estado amarrada a
la escotilla principal. Un trozo de barandilla había sido arrancado para lanzar el bote al agua. Esto, por lo menos, aclaraba la forma en
que había desaparecido la tripulación: había abandonado el barco. Pero, ¿por qué? ¿Qué razones pudo tener un marino experimentado
como Benjamin Spooner Briggs para abandonar un barco en perfectas condiciones metiendo a su mujer y a su hijita, con los siete
miembros de la tripulación, en un bote pequeño y poco estable? Abandonar un barco es una medida desesperada, algo que sólo se hace
cuando no hay otra alternativa; sin embargo, como declaró después uno de los tripulantes del Dei Gratia, el Mary Celeste estaba en
condiciones de dar la vuelta al mundo. Entonces, ¿por qué fue abandonado?
Según las leyes marítimas internacionales, quien salva un barco abandonado tiene derecho a un porcentaje del valor del barco y su
cargamento. Generalmente, esos barcos se han hundido, pero el Mary Celeste, que estaba a flote, y su carga valían una suma
importante, y sus salvadores podían esperar unos 80.000 dólares. Al capitán Morehouse no le consumía la avaricia, como han sugerido
testimonios posteriores, y de hecho se resistía a reclamar la recompensa por el Mary Celeste. No le sobraban los hombres, y el formar
una nueva tripulación para el Mary Celeste implicaba que ambos barcos quedarían desprovistos en caso de emergencia. Pero Deveau
terminó por convencerle.
Deveau y a dos marineros, Augustus Anderson y Charles Lund, sólo les llevó dos días poner en orden al Mary Celeste, y después los dos
barcos pusieron rumbo a Gibraltar. El Dei Gratia llegó el 12 de diciembre y el Mary Celeste a la mañana siguiente. Dos horas después de
echar el ancla, el Mary Celeste fue arrestado por Thomas J. Vecchio, de la Corte del Vice-Almirantazgo.
El fiscal general de Gibraltar y abogado general de la Reina en su oficina de Almirantazgo era un burócrata excitable, arrogante y
pomposo, llamado Frederick Solly Flood; consideró que el abandono del Mary Celeste sólo podía explicarse como resultado de asesinato y
piratería. Sin la intervención de Solly Flood, el misterio del Mary Celeste seguramente se habría desvanecido en el olvido, pero sus
acusaciones en las audiencias de la corte del Vice-Almirantazgo atrajeron la atención del mundo.
Primero, Flood acusó a la tripulación -ausente- del Mary Celeste de haber obtenido acceso al cargamento de alcohol y haber matado al
capitán Briggs, a su mujer, a su hijita y al primer oficial Richardson en una furia alcohólica. Es una teoría que fue propuesta muchas
veces desde entonces, una vez por William A. Richard, secretario del Tesoro de los Estados Unidos, en una carta abierta publicada en la
primera página del New York Times en 1873. Pero la carga era de alcohol desnaturalizado que, de ser bebido, hubiera provocado dolores
agudos a los bebedores mucho antes de que pudieran emborracharse. Flood tuvo que abandonar su teoría.
Después sugirió que Briggs y Morehouse eran cómplices. Briggs, dijo Flood, mató a su tripulación, se deshizo de los cuerpos y después se
dirigió en el bote a un destino prefijado con el capitán Morehouse que, mientras tanto, encontraría al Mary Celeste abandonado, lo
llevaría a Gibraltar y reclamaría el dinero del rescate. Los dos se encontrarían después y dividirían sus ilícitas ganancias. La teoría podría
ser plausible, pero no hubo ni hay pruebas de que Briggs y Morehouse fueran delincuentes. Además, Briggs era propietario de una parte
del Mary Celeste y su parte del dinero del rescate equivalía al que tenía invertido en el barco. Flood acabó por desechar también esta
idea.

Culpable Hasta Que Se Demuestre Lo Contrario

Su tercera sugerencia fue que el capitán Morehouse y la tripulación del Dei Gratia habían abordado al Mary Celeste y asesinado a todos
los que estaban a bordo. Flood se esforzó por que el tribunal aceptara esto, pero lo único que logró fue crear una atmósfera de
desconfianza en la que Morehouse y su tripulación eran considerados culpables hasta que pudieran demostrar su inocencia.
Afortunadamente, la corte del Vice-Almirantazgo denunció un abuso tan flagrante de la ley y limpió a Morehouse y a sus hombres de
toda sospecha. Les concedieron una recompensa por el rescate que ascendió a 1.700 libras. Mucha gente opinó que debiera haber sido
dos o tres veces mayor.
El Mary Celeste fue devuelto a James H. Winchester, y bajo el mando del capitán George W. Blatchford continuó su viaje hasta Génova,
donde finalmente entregó su carga. Entonces, Winchester lo vendió -se dijo que con una considerable pérdida- y a lo largo de los 12 años
siguientes el barco cambió de manos no menos de 17 veces. Ninguno de sus propietarios dijo nunca una buena palabra de él. Anduvo
dando bandazos por la costa de los Estados Unidos, perdiendo cargamentos, velas y marineros, encallando e incendiándose con increíble
regularidad. Parecía que el Mary Celeste era víctima, desde que fue botado, de una especie de maldición.

 

El primer oficial Albert G. Richardson. David Reed Morehouse, capitán del Dei Gratia. Según las leyes del mar, quien rescata un barco abandonado tiene derecho a un buen porcentaje de su valor total. En el caso del Mary Celeste hubiese sido una suma considerable, ya que estaba en excelentes condiciones y tenía su carga completa. Morehouse se resistió a reclamar la recompensa y a ceder tripulantes que lo condujeran a puerto. Sin embargo, el fiscal general de Gibraltar, Solly Flood, empeñado en desacreditar a ambas tripulaciones, aseguró que Briggs y Morehouse eran cómplices, y que habían preparado la desaparición para después repartirse el rescate.Oliver Deveau, primer oficial del Dei Gratia

 

 

El rol del barco, con la relación de los nombres de quienes zarparon y se desvanecieron.Mapa que muestra las respectivas rutas del Dei Gratia y del Mary Celeste durante noviembre y diciembre de 1872.

El rol del barco, con la relación de los nombres de quienes zarparon y se desvanecieron.
Mapa que muestra las respectivas rutas del Dei Gratia y del Mary Celeste durante noviembre y diciembre de 1872.

 

 
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